Amor creciente

Hemos creado una historia de amor creciente, de esas que nunca se apagan, ni la rutina ni el tiempo arrancan con sus ecos de nostalgia.

Yo crecí en ti así como este amor, que ahora crece en mi con los años, con ese nudo que me lleva a tus brazos en cada victoria o derrota que venga a celebrarnos, no importa que ya asomen las arrugas, o que saltar en los charcos no esté asegurado con esas botas que vestía por ti para que el agua no inundara mi alma. No importa que a veces, hagamos muñecos de barro con la pena y las lágrimas, nada de eso es más fuerte que las sonrisas, los abrazos y este amor que ha llenado toda mi vida de sentido. Mi vida, que no es más que la prolongación de la tuya, la tuya, que no es mas que el precedente de la mía, y así, aún teníendote lejos, me miro en el espejo y encuentro tu verde inundando mi vida de calma, porque se que siempre estarás, porque eres el amor fiel que nunca rompe los lazos, la cuna a la que siempre querré volver para seguir pisando en firme. Ese amor, del que poco hablan en las películas, porque es el más real, tanto que la ficción no puede plasmarlo.

Ahora, casi te abrazo, y vuelvo a mis orígenes, y querré saltar en los charcos, de tu mano, siempre de tu mano, dibujaremos alas a los días para llevar al sol todas las sonrisas, para que se queden para siempre, como este amor. Amor creciente.

Podrás limpiar mis zapatos, secarme todas las penas, y mojar las alegrías para que pesen y sean las que más se vean, podrás contarme cómo has hecho, para derrarmarnos tanto amor, y que aún te queden ganas de cuidarnos.

Quiero que me muestres cómo ser el amor creciente que nunca falla, la falda que sostiene nuestros pasos, la calma que puede con las tormentas y nunca, jamás, se rinde. Quiero heredar tus sonrisas, tu fuerza, tus ganas, quiero que me cuéntes, cómo hacer para siempre vencer con fuerza, para sacar tus garras.

Tengo tanto que aprender de ti, compañera, amor incansable, madre guerrera.

Tan joven y tan viejo

Lo peor de ser humana son las garras ausentes que va dejando el paso de los años en la piel consciente, los caminos que no conocen huellas, la calma que se perdió entre el tumulto de emociones, la calma, que se fue amenazada por el miedo.

Lo peor de ser humana es sentirse parte de este caos de miradas que nunca se fijan en nada, rodeada, de vacío, de incómodos silencios gritando, por todos lados, que no cabe realidad más allá de los extremos que te mantienen en equilibrio, en un equilibrio fictio. Que la existencia se difumina cuando abres los ojos, cuando buscas un hueco, cuando te camuflas vestida de normalidad.

Lo peor de ser humana es que nazca el ansia, de algo, de todo, vivir siempre sentados en la sala de espera, por si lo de dentro nos cambia, o al menos de alguna forma nos libera, esperando que alguien nos escuche, como si todo esto fuese tan importante, como si hubiese algo que decir que lo cambiara todo. Como si ésta única existencia, la que me habita, tuviera pretensiones de remodelar al gusto lo de ahí afuera, algo en lo que no creo. Que ironía la mía, que existencia más injusta. Cuánta irracionalidad en esta consciencia.

 

Tengo suerte de tenerte en mi cabeza

He cubierto con cristales tu recuerdo
para que el viento no roce tu ausencia,
para que no remueva el olor de tu rastro,
y no traiga tu dulce voz mecida entre su susurro.

Pero los domingos cuando sale el sol,
brilla tu falta
y se deshacen los trocitos de voluntad
que voy juntando cada noche.
Y ya no sé si la que queda soy yo,
o tu reflejo construido tras tantos años.

Ahora los espejos dibujan olvido
en todas las grietas
donde alguna vez te había tenido.
Pero no sirve de nada que tu olor se haya ido
porque mi pelo encerró tu aroma
todas las veces que tu pecho fue mi escodite.

Desde que te guardo en mis ojos
valoro más mi mirada
porque cuando te evaporaste en sentidos
mi leitmotiv fue decirte, con ellos,
que toda la belleza,
la trae tu ausencia repartida por mi cuerpo.
Que si miro es para que tu veas,
que mis sonrisas perplejas son tus vellos erizados
que mis pies cansados son tu desgana
y mis lágrimas son para que te derrames
y me acaricies la cara.

Los domingos ya no hay multitudes,
y no me quitan tus ganas
los regaliz que escondo y olvido durante semanas,
para después creer que por un momento,
por una décima de segundo,
has pensado en mi y has venido,
a migar mi camino.

Te decía, que los domingos son odiosos,
que te echo tanto de menos,
que mis manos te buscan
vaciando la pena entre versos.
Que me agarro fuerte los hombros
para retener tu recuerdo
y ni las marcas duelen tanto
como tus huellas borradas
o desconocidas en los domingos de otros.

Me he llenado los bolsillos con lágrimas cristalizadas
para emprender, este domingo,
contra el olvido de tu recuerdo.
Y te has caido por mis ojos,
has trepado hasta mi mente,
me has manchado la camisa
y me has roto los zapatos.
Pero andar descalza sobre cristales
duele menos
que olvidar que, estés donde estés,
aún me quieres.

Yo ya no.

Hace frío.
Y ya no se si es el clima, o eres tu, que te has ido.
Cae algo al suelo.
Parece que son las llaves,
Pero si te fijas, es más bien,
La falta que me haces.
Y después todo es silencio,
Afuera,
Porque por dentro hay mucho ruido.
Me suenan los restos de tus besos,
Las pisadas hasta la puerta,
Las ganas que te he tenido.
Suenan hasta las veces,
Que sin decirlo me has querido.
Y se derrama, del recuerdo de tu reflejo,
La parte de mi que tuviste,
La que saltaba en tu cama
Los domingos por la mañana.
La que pegaba en los álbumes
Las sonrisas,
Las miradas,
Los abrazos,
Los te sigo a dónde vayas.

Y hoy, con este frío,
Con tu ausencia pesando sobre mis hombros,
Ando buscándote entre recortes,
A sabiendas que,
Aquél que fuiste,
Ya no volverá,
Ya jamás será,
Porque aquel que yo tuve,
Fue aquello que nosotros fuimos.

juntos

y tu…

y yo…

ya no

De tus dunas.

De las dunas de tu cuerpo nacieron los espejismos de mi invierno, que entre tanto sol, pusieron a secar mis miedos, y volvieron a deslumbrarme, con tanto ruido, los sueños. El agua que tu no tienes, la mecí entre mis dedos, para no apagarnos, mi vida, con tanto fuego.  De las dunas de tu cuerpo, sacamos la arena  para agrandar el tiempo, que hacen falta más noches para poblar tu desierto. Y que no puedo, no puedo un invierno de lluvias, sin que el viento remueva los granos de tu recuerdo. Y que no quiero, no quiero ya soñarte frío, si puedo hundir mis manos y sentirte cálido, con tus dunas, al tiempo que nos derretimos.  Que anhelo, descalza, marcarte con los pasos, que bailo, ahí justo, en tu ombligo. Que la luna, cuando vuelva, nos mire,          nos mire                y nos crea,                       de tanta perfección,                                    también,                                             espejismo

Dulces sueños. 

Me están susurrando los sueños

Que te has quedado dormido,

Que las manos tienen ganas

De acurrucarse contigo,

Que se han aprendido mi nombre

Las sábanas que te rozan

Y me llaman tímidas

Cuando te cubres con ellas

Y se erizan al caer sobre tu ombligo.

Murmuran los sueños ajenos

Que te has quedado dormido

Sin reparar si quiera en ellos.

Que tus párpados al cerrarse

Esconden el color de mi cuerpo.

Que dicen mis sueños que ojalá

Fuese ese tu último pensamiento.

Que tus pies piden a gritos

El roce de mis pasos para quedarte dormido.

Y cuando te amenaza el frío,

Susurran mis sueños,

Que mi respiración es tu abrigo.

Y mis dedos que han salido de viaje

Me traen de souvenir 

El perfume de tu cuerpo.

Tumbada en esta cama

Siento el dulce pesar 

De ser el capítulo de tus sueños

Que le trae, mientras duermes,

Sonrisas a tu cara.

Pero me están viniendo las ganas

De cesar en el empeño de mirarte dormido

Para encontrarme,

Allí donde nadie alcanza,

Donde no llegan los miedos,

Contigo.

Contigo.

Para susurrarte al oido,

Una vez más, que te quiero.

Allí, cuando estamos despiertos.

Y aquí,

Ahora

Que te encuentro mientras dormimos. 

No mas sintigo

Como humano en el agua.

Con los segundos a cuestas y el agua en las entrañas. 
Con el pinchazo en el costado,
La sal en las heridas.
El pecho aprisionado y los miedos en libertad. 
Nadando para encontrarnos, a ti, mi superficie.
Ven y cuelga los cuadros, 
Que el mar está desolado.
Ven y llena la ausencia, que pesa y hace daño.
Ven, que me ahoga tu falta,
Que me arañan los sin ti
Y me curan los contigo.
Que me sobro sin nosotros.
Que mi nombre se disipa si no se posa en tu boca.
Que me borro de los mapas cuando no te trazas y me pierdo en los espejos sin tu vaho por mi espalda.
Ven con tus caricias a dibujarme como lienzo los latidos de tu pecho en el lado izquierdo.
Ven a cubrirme de susurros los silencios, y tápame la pena con tu cuerpo. 
Que ya cumplí la condena de la libertad de tus brazos. 
Y, lo siento, pero prefiero las cadenas de tu vida, las que me atan a tus labios. 
Ven y traete contigo. Pero no te lleves de nuevo, te lo suplico.